Pegaso Z-102: el superdeportivo que fabricó un país sin gasolina
En la España de 1951, una empresa estatal de camiones fabricó un deportivo con V8 de cuatro árboles que llegó a ser el coche de serie más rápido del mundo. Perdía dinero con cada unidad.
La España de la autarquía apenas tenía gasolina ni divisas, pero quiso demostrar que sabía hacer tecnología punta. La empresa estatal ENASA, instalada en la antigua fábrica de Hispano-Suiza en Barcelona, encargó la prueba a Wifredo Ricart, un ingeniero brillante que volvía de Alfa Romeo.
El resultado fue el Z-102: un V8 con cuatro árboles de levas, caja de cambios en el eje trasero y soluciones que Ferrari tardaría años en adoptar. En 1953, una versión carenada superó los 240 km/h, la cifra más alta de un coche de serie en su momento.
Cada unidad se construía casi a mano por aprendices de la escuela de la fábrica y costaba una fortuna en producir que jamás se recuperaba en el precio. Se hicieron menos de cien, muchos para jeques, presidentes y concursos de elegancia: propaganda rodante de un régimen que no podía permitírsela.
En 1958 el programa se cerró y Pegaso volvió a lo que hacía de forma soberbia: camiones, que llevaron el caballo alado por todas las carreteras españolas durante tres décadas más. El Z-102 quedó como la excentricidad más gloriosa de la industria española del motor.