El Trabant, el coche que cruzó el Muro
En noviembre de 1989, la imagen de la caída del Muro de Berlín no fue un tanque ni un discurso: fue una caravana de coches de plástico humeantes entrando en el Oeste.
El Trabant salió en 1957 de la antigua fábrica Horch de Zwickau con una carrocería de Duroplast —resina fenólica con residuos de algodón, porque la RDA no tenía chapa— y un bicilíndrico de dos tiempos de veintiséis caballos que apenas cambió en tres décadas y media.
Conseguir uno exigía paciencia planificada: la lista de espera superaba los diez años, hasta el punto de que un Trabi usado, de entrega inmediata, valía más que uno nuevo. Se fabricaron algo más de tres millones, y el chiste de que se duplicaba su valor llenando el depósito era, como todos los buenos chistes, casi verdad.
La noche del 9 de noviembre de 1989, cuando la RDA abrió las fronteras, miles de Trabants cruzaron los pasos de Berlín entre nubes de humo azul, golpeados en el techo por desconocidos que lloraban. Ninguna máquina quedó tan pegada a una fecha: el coche planificado protagonizando el fin de la planificación.
Hoy es objeto de culto, safari turístico por Berlín y pieza de museo. En el archivo figura con su ficha de marca: la historia de un país entero contada en veintiséis caballos.